El precio del pan y la geografía del odio: cómo la ultraderecha global reconfigura la vida cotidiana
No es una coincidencia que en el mismo mundo donde la ultraderecha copa parlamentos y financia guerras, el precio del pan suba, los fertilizantes escaseen y los gobiernos le pasen la cuenta a sus ciudadanos más pobres. Es el sistema funcionando exactamente como fue diseñado.
En marzo de 2026, el gobierno de José Antonio Kast anunció que la bencina subiría $370 por litro y el diésel $580. La razón oficial: una guerra en Medio Oriente que nadie en Chile pidió y que nadie en Chile inició. Esa explicación es técnicamente correcta. Y es, al mismo tiempo, radicalmente incompleta. Porque la pregunta que el relato oficial no responde es anterior: ¿cómo llegamos a vivir en un mundo donde una decisión militar tomada en Washington puede encarecer el pan en una panadería de Iquique, en una feria de Concepción o en un almacén de Valdivia?
La respuesta no está en el precio del petróleo. Está en la arquitectura política global que se construyó en los últimos diez años. Y esa arquitectura tiene un nombre: el resurgimiento coordinado de la ultraderecha como fuerza de gobierno en los países más influyentes del planeta.
I. El mapa del poder: quién gobierna el mundo hoy
El 2024 fue el año electoral más intenso de la historia moderna. Más de 1.600 millones de personas votaron en países de todos los continentes. El resultado fue consistente: el mundo giró a la derecha. En muchos casos, a la ultraderecha.
Donald Trump volvió a la Casa Blanca en noviembre de 2024 con una victoria aplastante sobre Kamala Harris. En las elecciones europeas de junio de 2024, la derecha radical aumentó su proporción de votos del 22% al 27% en el Parlamento Europeo. El llamado cordón sanitario que impedía a la ultraderecha acceder al poder en los principales países europeos se rompió por completo. Giorgia Meloni gobierna Italia desde 2022 con un partido de raíces posfascistas. Javier Milei asumió en Argentina en 2023 aplicando recortes del 30% al gasto público con respaldo popular inicial. Geert Wilders, con un discurso abiertamente antiislám y antiinmigración, formó gobierno en Países Bajos por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. En Alemania, la AfD duplicó su resultado en las elecciones de 2025 y hoy encabeza las encuestas en los estados del este con hasta el 40% de la intención de voto.
Chile no es la excepción a esta ola. Es parte de ella. José Antonio Kast ganó la segunda vuelta de diciembre de 2025 con el 58% de los votos, el resultado más alto de un candidato presidencial en la historia reciente del país. Su victoria fue celebrada por Trump, Milei, Meloni y Viktor Orbán como una pieza más del mismo tablero geopolítico.
II. Las causas reales: por qué la gente vota en contra de sí misma
La pregunta que la izquierda y el progresismo mundial se niegan a responder con honestidad es esta: ¿por qué millones de personas que no son grandes empresarios, que no son millonarios, que viven de un salario o de una pensión, votan por partidos que sistemáticamente gobiernan contra sus intereses económicos?
La respuesta no es que esas personas sean irracionales o estén manipuladas. La respuesta es que el ciclo progresista de los años anteriores no cumplió sus promesas. En Chile, el gobierno de Boric prometió transformaciones estructurales y terminó con una aprobación del 30%, dos procesos constituyentes fracasados y un país con la peor percepción de inseguridad de su historia. En Francia, la izquierda prometió justicia social y entregó burocracia y desigualdad. En Argentina, el kirchnerismo prometió soberanía popular y produjo una inflación del 211% en 2023. La ultraderecha no gana por su fuerza propia. Gana por el vacío que deja la izquierda cuando no gobierna bien.
Pero hay algo más que los analistas progresistas suelen omitir: la ultraderecha contemporánea ha aprendido a hablar el lenguaje de los excluidos. Milei habló de la casta. Trump habló del establishment. Kast habló de la inseguridad que el gobierno no quiso resolver. Todos canalizaron una rabia real contra un sistema real que no estaba funcionando para la gente común. El problema es que una vez en el poder, esa rabia se redirige hacia los migrantes, los pobres, las minorías y el Estado, mientras los intereses que financiaron la campaña reciben sus dividendos en paz.
III. Las guerras de EE.UU. y la cadena que llega al pan
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques militares contra Irán. En cuatro semanas, el precio del petróleo pasó de US$70 a US$110 por barril. El estrecho de Ormuz, por donde transita el 25% del petróleo mundial y el 20% del gas natural licuado del planeta, fue bloqueado por casi un mes. Las consecuencias no fueron abstracciones económicas. Fueron físicas, inmediatas y globales.
El FMI advirtió que el conflicto generará inflación y menor crecimiento en todos los escenarios posibles. La Agencia Internacional de Energía lo calificó como la mayor perturbación del mercado petrolero mundial en la historia reciente. Por el estrecho de Ormuz transita además un tercio del comercio mundial de fertilizantes. El portavoz de la ONU, Farhan Haq, lo dijo sin eufemismos en marzo de 2026: «Si no logramos sembrar en los próximos meses, esto tendrá un efecto dominó sobre el hambre más adelante».
La cadena de transmisión desde una decisión militar en Washington hasta el precio del pan en Santiago es esta: guerra en Irán, cierre del estrecho de Ormuz, alza del petróleo al 54% en tres semanas, encarecimiento del transporte de mercancías, aumento del costo de los fertilizantes, incremento de los costos de producción agrícola, y finalmente, más caro el trigo, más cara la harina, más caro el pan. Es una cadena de 12.000 kilómetros que termina en la mesa de cada familia chilena.
En los países de bajos ingresos, el gasto en alimentos representa en promedio el 36% del consumo total de los hogares. En las economías avanzadas, solo el 9%. Una guerra en Medio Oriente es, ante todo, un impuesto regresivo sobre los más pobres del mundo.
IV. La desconexión política: cuando el gobierno y la ciudadanía hablan idiomas distintos
Lo que ocurre en Chile en marzo de 2026 es la expresión local de un fenómeno global: la desconexión entre las decisiones de los gobiernos y las necesidades cotidianas de la ciudadanía. El gobierno de Kast anuncia una rebaja del impuesto corporativo de US$3.500 millones anuales. Simultáneamente, le dice a la ciudadanía que no hay recursos para absorber el shock de los combustibles. El lenguaje que usa para explicarlo es impecable: hay una guerra, recibimos un Estado en quiebra, les vamos a decir la verdad.
Pero hay una verdad que ese relato omite. La ultraderecha global, desde Trump hasta Kast, pasando por Milei y Meloni, comparte una agenda económica que tiene tres pilares consistentes: reducción del gasto público social, reducción de impuestos a las grandes empresas y desregulación de los mercados. Esos tres pilares son exactamente lo que sus principales financistas necesitan. Y son exactamente lo opuesto a lo que necesita una familia de clase media enfrentando el alza de combustibles, el fin de la gratuidad universitaria y el encarecimiento de los alimentos.
La desconexión no es accidental. Es estructural. Y tiene un nombre en la ciencia política: captura del Estado. Es el fenómeno por el cual los intereses de quienes financian el acceso al poder terminan siendo los intereses que el Estado administra.
V. Los datos que el relato oficial necesita que no existan
Algunos números que contextualizan lo que ocurre:
DATOS CLAVE
Alza bencina Chile (26 marzo 2026): +$370 por litro de gasolina / +$580 en diésel
Alza petróleo global (feb-mar 2026): +54% en 3 semanas (de US$70 a US$110/barril)
Petróleo por estrecho de Ormuz: 25% del suministro mundial (bloqueado ~4 semanas)
Fertilizantes por estrecho de Ormuz: 1/3 del comercio mundial
Costo semanal MEPCO para Chile: US$200 millones por semana al momento del alza
Merma fiscal rebaja tributaria: US$3.500 millones anuales en régimen
Participación alimentos en gasto hogar: 36% en países pobres / 9% en economías avanzadas (FMI)
Ultraderecha en Parlamento Europeo 2024: Sube de 22% a 27% de los votos
AfD Alemania (2025): 20,8% en elecciones generales, duplicando resultado de 2021
Voto Kast segunda vuelta 2025: 58,16% — el más alto en la historia reciente de Chile
VI. La coordinación global: no son movimientos aislados
Uno de los errores más frecuentes en el análisis de la ultraderecha contemporánea es tratarla como una suma de fenómenos nacionales aislados. No lo es. Hay una coordinación explícita, ideológica y financiera entre estos movimientos que los propios actores reconocen abiertamente.
Kast fue presidente de la Red Política de Valores, red internacional conservadora, desde 2022 hasta que asumió la presidencia de Chile. Milei y Kast se reunieron en Buenos Aires durante el período de transición. Trump envió a Marco Rubio a felicitar a Kast el mismo día de su elección y a anunciar que EE.UU. buscaría fortalecer la relación bilateral. Orbán, Meloni, Le Pen y los principales líderes de la ultraderecha europea celebraron la victoria de Kast como una pieza más del mismo proyecto geopolítico.
Este proyecto no es solo ideológico. Tiene una agenda económica común: desregulación financiera, reducción de impuestos corporativos, debilitamiento de los estados de bienestar, hostilidad a la cooperación multilateral en materia climática y laboral. Son las mismas políticas que benefician a los mismos grupos económicos en todos los países donde este bloque llega al poder.
VII. Las guerras como herramienta: del petróleo al pan, pasando por la política interna
Las guerras de EE.UU. en Medio Oriente no son fenómenos meteorológicos. Son decisiones políticas. Y en el contexto actual, son decisiones de un gobierno de ultraderecha —el de Trump— que comparte agenda con los gobiernos de ultraderecha que esas guerras benefician económicamente.
El alza del petróleo no afecta por igual a todos los actores. Las empresas petroleras y las compañías de energía registran ganancias récord en períodos de crisis energética. En 2022, con la guerra de Ucrania, Shell, BP, ExxonMobil y Chevron acumularon juntas más de US$134.000 millones en utilidades, el récord absoluto de la industria. En 2026, con la guerra de Irán, el patrón se repite. Las bolsas de energía suben. Los ciudadanos que dependen del transporte, la calefacción y los alimentos, pagan.
Y en Chile, en medio de ese contexto, el gobierno de Kast le dice a la ciudadanía que no hay recursos para protegerla del shock energético, pero sí los hay para regalarle US$3.500 millones anuales al empresariado vía rebaja tributaria. La guerra no generó esa contradicción. Solo la hizo visible.
VIII. La ciudadanía desconectada: cuando la gente deja de confiar en el sistema
El fenómeno más peligroso de este ciclo político global no es la ultraderecha en sí misma. Es la desconexión creciente entre las instituciones democráticas y la vida cotidiana de las mayorías. Cuando la gente no puede pagar el pan, cuando el gobierno le dice que es por una guerra lejana mientras rebaja los impuestos a los que financiaron su campaña, cuando los medios de comunicación cambian su agenda según quién gobierna, la confianza en el sistema se erosiona.
Y cuando la confianza se erosiona, los espacios que quedan vacíos no los llena la izquierda ni el centro. Los llena quien grita más fuerte, quien tiene los recursos para comunicar con más potencia, quien construyó durante años el relato de que el sistema está corrupto y solo él puede limpiarlo. Es la paradoja de la ultraderecha moderna: llega al poder prometiendo arreglar un sistema que ella misma ayudó a deteriorar, con el financiamiento de quienes más se benefician de mantenerlo exactamente como está.
IX. Chile en el mapa: un país que votó por el cambio y recibió más de lo mismo
Los millones de chilenos que votaron por Kast no lo hicieron porque quieran pagar más caro el pan, ni porque quieran que la gratuidad universitaria se recorte, ni porque quieran que el impuesto corporativo baje mientras el MEPCO sube. Lo hicieron porque la inseguridad era real, porque el crecimiento económico había sido insuficiente durante cuatro años y porque el gobierno anterior no pudo o no quiso articular un relato que conectara sus políticas con la vida cotidiana de las personas.
La desconexión política no comienza con Kast. Comienza antes. Pero bajo Kast, esa desconexión tiene una dirección clara: el gobierno habla el lenguaje de la emergencia y la austeridad para la ciudadanía, mientras habla el lenguaje de la oportunidad y la desregulación para el empresariado. Son dos idiomas que no se traducen entre sí. Y el precio de esa brecha de traducción lo paga, invariablemente, quien tiene menos capacidad de absorber el golpe.
El pan subirá. Los fertilizantes escasearán. La gasolina cuesta más. Y la guerra en Irán seguirá siendo la explicación oficial de por qué las cosas están como están. Mientras tanto, la rebaja del impuesto corporativo costará US$67 millones por semana, todos los años. Ese cálculo no aparecerá en ninguna minuta confidencial.
Fuentes: FMI (Perspectivas de la Economía Mundial, marzo 2026); Agencia Internacional de Energía (marzo 2026); CNN Español, Infobae, Bloomberg Línea, Cooperativa, Diario Financiero (datos de precios y conflicto en Irán); CIDOB (Anuario Internacional 2025, sobre ultraderecha global); Euronews, El Español (resultados electorales Europa 2024-2025); Servel Chile (financiamiento de campañas); datos del Ministerio de Hacienda de Chile sobre MEPCO y rebaja tributaria. Este artículo es un análisis de opinión basado en datos públicos verificados.