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La IA todavía no llega en serio a Chile. Esa es la mala noticia

La inteligencia artificial no nació con ChatGPT. Lleva años desarrollándose. Lo que ocurrió en 2022 fue que una parte pudo verse y usarse desde cualquier computador. La otra parte, la que automatiza procesos completos, trabaja lejos de nuestra vista.

En Chile, hoy, las empresas dicen usar IA, pero pocas han dado el salto. Un estudio de Strand Partners encargado por AWS, con 1.000 líderes empresariales, encontró que el 45% de las empresas chilenas usa IA. Pero el 58% de ellas se queda en herramientas básicas, como chatbots públicos, y solo el 17% usa sistemas avanzados, desarrollos propios o agentes autónomos.

Esa calma no es seguridad. Es retraso.

Lo que creo que viene

Opinión. Creo que llegará un momento, no muy lejano, en que la IA madura y la automatización lleguen juntas a Sudamérica. No sé cuándo ni a qué velocidad: es una proyección mía, no un dato. Lo que sospecho es cómo llegará: como suele llegar la tecnología que compramos en vez de desarrollar, ya terminada y con las decisiones tomadas en otro lugar. Ese tipo de llegada deja poco tiempo para aprender mientras ocurre.

Quiénes caen primero

Dos grupos de los que he escrito antes: quienes recién entran al mercado y quienes pasaron los 50.

El empleo de entrada era el lugar donde se aprendía el oficio haciendo tareas repetitivas, justo lo que la IA hace más rápido y más barato. Sin ese primer peldaño no hay experiencia, y sin experiencia no hay segundo peldaño.

Quienes pasaron los 50 ya cargaban con un filtro de edad y concentran roles administrativos y de análisis rutinario. Según Clapes UC, en cuatro años pasaron del 16% al 21% de los desempleados en Chile, antes de la llegada plena de la IA.

Interpretación. Es un mercado que se cierra por los dos extremos a la vez. Cuando la automatización llegue en plenitud, ambos grupos se sumarán a quienes ya están afuera.

Lo que no sabemos

Se publican muchas proyecciones de que la IA creará empleos. La más citada, la del Foro Económico Mundial, estima 170 millones de empleos creados y 92 millones desplazados hacia 2030, con un saldo de 78 millones. Pero es una encuesta a empleadores y es global: no dice cuántos serán en Sudamérica, cuándo, para quién, ni si exigirán habilidades que tengan quienes pierden el suyo.

Los empleos que se pierden, en cambio, tienen nombre y lugar: administrativos, atención al cliente, primer empleo.

Interpretación. No puedo afirmar que se perderán más empleos de los que se crean. Lo que sí veo es que las pérdidas serán más concretas y más rápidas de sentir que las creaciones, y que estas últimas tienden a ocurrir donde se diseña la tecnología, no donde se compra. Eso es una hipótesis.

Antes de que llegue

La transición justa propone dos cosas que se pueden empezar hoy: formación antes de que desaparezca el puesto y dentro del horario, y protección para quienes la reconversión no alcance. Una renta básica podría servir como piso para ganar tiempo, aunque la evidencia es limitada y mixta. Ninguna de estas medidas se diseña bien con el problema encima.

La pregunta que dejo: si la tranquilidad de hoy es solo retraso, ¿qué estamos haciendo con el tiempo que nos regala?


Fuentes

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