La minuta filtrada: cuando el manual de la crisis se escribe antes de que ocurra la crisis

El documento interno del gobierno de Kast sobre el alza de combustibles no es solo una respuesta a una emergencia energética. Es un caso de libro de texto de arquitectura narrativa de crisis: el relato estaba listo antes de que el ciudadano pudiera hacer sus propias preguntas.

Esta semana se filtró un documento interno del Gobierno de Chile, membretado con el logo oficial y la marca Trabajando para Usted, titulado Minuta sobre el alza de los combustibles. Confidencial y de uso interno. El gobierno de José Antonio Kast enfrenta una crisis energética real: el conflicto en Medio Oriente disparo el precio del petróleo de US$70 a US$110 en tres semanas, y Chile importa el 100% de las gasolinas y el diesel que consume. El alza es concreta. El impacto en el bolsillo de los chilenos, a partir de este jueves 26 de marzo, también. Gasolina de 93 octanos: +$370 por litro. Diesel: +$580.

Pero lo que hace notable a la minuta filtrada no es lo que dice sobre los combustibles. Es como está construida. Porque este documento no es un informe técnico. Es un guion. Y quien conozca los principios de la comunicación estratégica lo reconocerá de inmediato.

I. Anatomía de un relato: los tres movimientos del guion

La minuta comienza con una sola frase, en párrafo separado, con deliberado peso dramático: Hay una guerra. Es una apertura de manual narrativo. No comienza con datos ni con cifras. Comienza con una imagen: la guerra. Un enemigo externo, lejano, que nadie pidió, pero que llega hasta la bomba de bencina de cada chileno. Hasta el bus que toman sus hijos para ir al colegio. Hasta el camión que lleva los alimentos al almacén de la esquina.

Godoy y Opazo describen este mecanismo con precisión: el encuadramiento de una crisis siempre precede a su gestión. Definir quién es el responsable del daño, cuánto dura y que rol juega el gobierno en el proceso no son decisiones técnicas, son decisiones comunicacionales. La minuta las toma todas en el párrafo inicial: el responsable es una guerra externa, la duración es incierta pero grave, y el gobierno es el actor que llega a proteger.

El segundo movimiento del guion es igualmente revelador. La minuta señala: encontramos un Estado en la quiebra. En 4 años, nos endeudamos por más de 40 mil millones de dólares. Y la caja del Estado, la dejaron completamente vacía. El gobierno anterior pasa a ser el codeudor narrativo de la crisis. No es solo la guerra la culpable; es también la herencia. El relato necesita dos villanos para funcionar: el externo (Irán, la guerra, el petróleo) y el interno (el gobierno de Boric, el gasto irresponsable, la caja vacía).

El tercer movimiento es el más sofisticado. Luego de instalar la gravedad de la crisis y de asignar responsabilidades, la minuta dice: podríamos haberles ocultado esta dura realidad. Podríamos haber dicho que todo está bajo control. Ustedes ya vivieron cuatro años de eso. Es una operación retorica que los comunicadores estratégicos conocen bien: la declaración de honestidad como dispositivo de credibilidad. No es que seamos honrados; es que elegimos serlo, a diferencia del otro. La transparencia se convierte en diferenciador político.

II. El problema que la minuta no menciona: quien paga la cuenta

Lo que la minuta no dice es tan importante como lo que dice. El gobierno de Kast anuncio, días antes de este alza, una rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23% para las grandes empresas, con perdida fiscal estimada por su propio equipo económico en US$3.500 millones anuales. Ese recorte se financia con US$3.800 millones de ajuste al gasto público. La minuta no menciona esta relación.

La pregunta que el relato de la emergencia impide hacerse es la siguiente: si el Estado tiene US$3.500 millones para regalarle a las grandes empresas vía rebaja tributaria, por qué no tiene recursos para absorber el shock de los combustibles y proteger a los hogares más vulnerables?

La oposición en el Congreso lo formulo de otra manera. El diputado Carlos Bianchi planteo que si se incorporara a las industrias mineras, forestales y de transporte aéreo y marítimo al impuesto específico a los combustibles, el Estado recaudaría US$3.500 millones adicionales, suficientes para mantener el subsidio sin traspasar el costo a las familias. La propuesta fue ignorada en el relato oficial.

Desde el marco de Godoy y Opazo: la crisis energética es real. El shock de precios es real. Pero el gobierno tiene opciones en como distribuye el costo, y ha elegido que lo paguen los consumidores y no las empresas que se están beneficiando de una rebaja tributaria histórica. Esa elección no aparece en la minuta.

III. Casos históricos: cuando los gobiernos escriben el guion antes de la crisis

Lo que el gobierno de Kast está haciendo con la minuta de combustibles no es una novedad política. Es una práctica documentada, utilizada por gobiernos de muy distintos signos en el mundo, que los teóricos de la comunicación política y la economía política han estudiado extensamente bajo el nombre de encuadramiento de crisis (crisis framing) o, en su versión más agresiva, shock doctrine, el término que acuño la periodista canadiense Naomi Klein en 2007.

Klein documento como los gobiernos y actores económicos utilizan las crisis reales, amplificadas comunicacionalmente, para implementar reformas que en condiciones normales encontrarían resistencia social. El caso paradigmático que ella analiza es Chile bajo Pinochet, donde el shock de 1973 permitió la instalación del modelo de Chicago sin deliberación democrática. Pero Klein también documenta casos democráticos: la crisis del Katrina en Estados Unidos en 2005, que fue utilizada para privatizar el sistema educativo de Nueva Orleans; la invasión de Iraq, que permitió la apertura del mercado iraquí a corporaciones estadounidenses antes de que se estableciera un gobierno estable; o la crisis financiera de 2008, que fue usada en varios países europeos para aplicar austeridad mientras se rescataba a los bancos.

En América Latina, el patrón se repite con variaciones. En Argentina, la crisis de 2001 fue encuadrada por el gobierno de Duhalde como resultado del modelo neoliberal de los 90, lo que permitió la instalación de un relato de refundación que duro dos décadas. En sentido inverso, el gobierno de Milei en 2023 encuadro la hiperinflación heredada como producto del Estado deficitario, lo que le permitió implementar recortes del 30% al gasto público en sus primeros meses con respaldo popular inicial. En ambos casos, el relato de la emergencia precedía a la política: primero se instala la narrativa del desastre, luego se implementa la solución que ya estaba preparada.

En Chile, el precedente más cercano es el primer gobierno de Sebastián Piñera durante el terremoto de 2010. La crisis real y devastadora del 27F fue gestionada comunicacionalmente con tal eficacia que Piñera llego al poder con 62% de aprobación. El relato de la reconstrucción fue tan potente que cubrió durante meses las tensiones internas del gobierno. Cuando el discurso de la reconstrucción se agotó, las contradicciones emergieron. El mismo Piñera vio colapsar ese capital en 2019.

IV. El FEPP vacío: una herencia cómoda o un dato selectivo

La minuta señala que al asumir este gobierno, el FEPP registraba apenas US$5 millones disponibles. Es un dato correcto. Pero el contexto que omite es igualmente relevante. El FEPP fue diseñado como un fondo contracliclico que se recapitaliza en periodos de precios bajos y se usa en shocks. El gobierno de Boric lo utilizo en la crisis de precios post-pandemia y post-invasión de Ucrania, cuando el barril subió hasta US$120. Usarlo era su función.

Según el propio Ministerio de Hacienda del gobierno de Kast, absorber el shock actual de combustibles costaría hasta US$4.000 millones. El MEPCO está gastando US$200 millones por semana. Es una presión fiscal objetiva. Pero presentar el FEPP vacío como evidencia de irresponsabilidad del gobierno anterior, sin mencionar el contexto de la crisis de Ucrania que lo agoto, es una omisión narrativa deliberada. Godoy y Opazo le llaman a esto gestión selectiva de la información: no se miente, se elige que verdades se cuentan y cuales se callan.

La minuta dice que el Estado gasto lo que no tenía y dejo la cuenta para hoy. El dato que omite: dejo la cuenta de una crisis que ya enfrento. Lo que llega ahora es una crisis nueva, más intensa, y el gobierno eligió no usar la rebaja tributaria a las grandes empresas para financiarla.

V. El relato de la guerra: un recurso retorico con historia propia

El recurso de la guerra como encuadramiento de crisis tiene una genealogía retorica bien documentada. Desde la guerra contra el cáncer de Nixon en 1971, pasando por la guerra contra las drogas de Reagan en los 80, la guerra contra el terrorismo de Bush post-911, hasta la guerra contra la inflación con que varios bancos centrales encuadraron sus alzas de tasas en 2022, los gobiernos han encontrado en el lenguaje bélico un dispositivo de legitimación extraordinariamente eficaz.

La guerra activa un conjunto de disposiciones cognitivas y emocionales en la ciudadanía que los comunicadores políticos conocen bien: acepta sacrificios sin exigir distribución equitativa de los costos, inhibe la crítica porque cuestionar al gobierno en tiempo de guerra parece antipatriótico, y produce una coalición defensiva que cruza ideologías. La minuta abre con Hay una guerra. No por accidente.

Lo que Godoy y Opazo agregan a esta lectura es el elemento que la teoría política clásica no siempre captura: el mensaje no es solo lo que se dice, es lo que la organización hace mientras dice eso. El gobierno de Kast dice que hay una guerra que obliga a traspasar costos a las familias. Simultáneamente, reduce los impuestos a las grandes empresas. Esas dos acciones juntas son el mensaje real. Y ese mensaje es perfectamente coherente con los intereses de quienes financiaron su campaña.

VI. La ciudadanía como stakeholder que aprende

Godoy y Opazo advierten que el capital reputacional de una organización se construye en el tiempo pero se destruye rápido. El relato de la emergencia es útil para los primeros meses. Compra tiempo, inhibe la crítica, genera solidaridad. Pero tiene un límite: la ciudadanía aprende. Cuando el sacrificio se prolonga y la distribución de sus costos se hace visible, la narrativa de la guerra deja de funcionar.

En Chile, ese aprendizaje tiene un antecedente histórico preciso. El primer gobierno de Piñera aplico una narrativa similar de reconstrucción post-terremoto con gran éxito inicial. Cuando la emergencia se terminó y los conflictos estructurales emergieron, el capital se había agotado. En 2019, Chile exploto. No por culpa de una minuta filtrada. Sino porque el gap entre el relato y la vida cotidiana de millones de personas llego a un punto de quiebre.

La minuta filtrada de combustibles será recordada como un documento de comunicación estratégica notable. Tiene estructura, tiene tono, tiene villanos y héroes, tiene un llamado a la acción y tiene una promesa. Lo que no tiene es respuesta para la pregunta que tarde o temprano hará el ciudadano que paga $370 más por litro de bencina y que, al mismo tiempo, ve que las grandes empresas acaban de recibir la rebaja de impuestos más importante en dos décadas. Ese ciudadano no necesita estudiar comunicación estratégica para entender lo que está pasando. Solo necesita tiempo.

Nota: Esta columna es la tercera parte de la serie Kast leido desde La empresa es el mensaje, utilizando como marco analitico el libro de Godoy y Opazo (Ediciones El Mercurio, 2015). La minuta citada es un documento interno del gobierno de Chile, filtrado el 24 de marzo de 2026. Los datos de precios provienen del Ministerio de Hacienda, ENAP y medios verificados (Cooperativa, Diario Financiero, T13, BioBioChile). Las referencias internacionales incluyen: Naomi Klein, La Doctrina del Shock (2007); Murray Edelman, Constructing the Political Spectacle (1988); y Entman, Framing: Toward Clarification of a Fractured Paradigm (1993).

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