La IA no tiene destino fijo: por qué todavía podemos elegir qué tipo de futuro construir
He dedicado varios artículos a describir lo que la inteligencia artificial está haciendo al trabajo: los despidos, la desintermediación, la pérdida de identidad, la insuficiencia de los sistemas de protección social. Ese diagnóstico es real y necesario.
Pero hay algo que ese diagnóstico solo no explica: el resultado no está escrito.
Esa es la tesis central de John Zysman y Martin Kenney, investigadores de la Universidad de California, en uno de los papers más lúcidos que se han publicado sobre el futuro del trabajo en la era digital. Su argumento es simple y poderoso: la tecnología no determina por sí sola lo que ocurrirá con el empleo. Lo determinan las decisiones que tomamos sobre cómo desplegarla.
Reemplazar o amplificar: la elección que define todo
Zysman y Kenney plantean una distinción que debería estar en el centro de toda conversación sobre IA y trabajo: las herramientas digitales pueden usarse de dos maneras fundamentalmente distintas.
La primera es la sustitución: reemplazar al trabajador humano con un proceso automatizado. Menos personas, más eficiencia, mejores márgenes. Es la lógica que ha dominado gran parte de las decisiones corporativas de los últimos años.
La segunda es la amplificación: usar la tecnología para hacer que los trabajadores humanos sean más capaces, más productivos, más creativos. No menos personas — las mismas personas haciendo cosas que antes no podían hacer.
El ejemplo que dan los autores es concreto y hermoso en su simplicidad: Komatsu, el fabricante japonés de maquinaria pesada, desarrolló una excavadora que usa computación para calcular el ángulo correcto de la pala al cavar. El resultado no fue que los operadores quedaran sin trabajo. Fue que operadores con menos experiencia pudieron trabajar en situaciones que antes requerían décadas de práctica. La tecnología no reemplazó al ser humano — amplió quién podía ser operador.
Ese es el camino que existe y que pocas empresas están eligiendo deliberadamente.
Lo que los datos están confirmando
Según el Barómetro Global de la IA en el mundo laboral 2026 de PwC, las empresas con mayor exposición a la IA alcanzaron un crecimiento de productividad del 34% en 2025 en comparación con 2018. Pero el dato más relevante no es ese número — es lo que está detrás de él.
PwC identifica que el liderazgo, la creatividad, el pensamiento crítico y la capacidad de adaptación son cada vez más valorados en empleos expuestos a la IA. Dicho de otra manera: las empresas que están integrando bien la IA no están buscando menos humanos. Están buscando humanos más completos.
McKinsey lo resume con claridad: «La era de la IA no se trata de reemplazar completamente la fuerza laboral humana, sino de cambiar el enfoque de la inteligencia humana de la ejecución a la orquestación y el juicio». Así como la calculadora no eliminó a los matemáticos sino que los liberó para resolver problemas de nivel superior, la IA puede automatizar lo mundano y permitir que los trabajadores se concentren en complejidad, toma de decisiones y cuidado.
Las condiciones que hacen posible ese camino
La amplificación no ocurre sola. Requiere condiciones que no son técnicas sino estratégicas, políticas y culturales.
Primero, requiere que las empresas traten a los trabajadores como activos, no como costos. Zysman y Kenney lo dicen directamente: si la pregunta que guía el diseño de herramientas digitales es «¿cómo reduzco la nómina?», la respuesta siempre será sustitución. Si la pregunta es «¿cómo hago que mi equipo sea más capaz?», la respuesta puede ser amplificación. Es la misma tecnología — la diferencia está en la intención de quien la despliega.
Segundo, requiere inversión en interfaces que democraticen el acceso. La calculadora no requería un doctorado para usarse. El procesador de texto no requería saber programar. Las herramientas de IA que amplían capacidades son las que pueden ser usadas por el trabajador promedio, no solo por el 10% más calificado. Eso es una decisión de diseño, no una limitación técnica.
Tercero, requiere que los Estados definan reglas claras sobre cómo se gobiernan las plataformas. Zysman y Kenney son enfáticos en esto: las plataformas digitales son estructuras regulatorias. Sus algoritmos establecen reglas sobre quién puede hacer qué, bajo qué condiciones y con qué compensación. Dejar esas reglas exclusivamente en manos privadas es ceder el gobierno del trabajo a empresas que no tienen mandato democrático para ejercerlo.
Cuarto, requiere que los trabajadores y sus organizaciones participen en las decisiones sobre cómo se despliega la tecnología. El modelo alemán de Industrie 4.0 — citado reiteradamente en la literatura como uno de los más exitosos — se construyó con participación activa de sindicatos, empresas y gobierno. No fue una imposición tecnológica sino una negociación social. El resultado: transformación productiva con preservación del empleo calificado.
Lo que todavía está en juego
El Foro Económico Mundial publicó en 2025 una idea provocadora: a medida que la inteligencia artificial se convierte en una gran igualadora, las habilidades exclusivamente humanas — la empatía, la creatividad, el liderazgo y la adaptabilidad — se transforman en los verdaderos diferenciadores competitivos.
Esa idea tiene una implicación que pocas organizaciones están dispuestas a asumir: si las habilidades humanas son el diferenciador, entonces invertir en desarrollarlas es la estrategia correcta. No reducir la nómina — ampliar las capacidades de las personas que ya están.
Eso requiere un tipo de liderazgo que no abunda: el que piensa en el largo plazo, que entiende que la confianza de los trabajadores es un activo estratégico, y que la eficiencia de corto plazo obtenida a costa de esa confianza es una deuda que tarde o temprano se cobra.
El futuro del trabajo no está determinado por los algoritmos. Está determinado por las personas que deciden cómo usarlos, en qué contextos, con qué intención y bajo qué reglas.
Esa decisión todavía está abierta. Y eso, en el contexto de todo lo que he escrito en esta serie, es una buena noticia.
Fuentes:
- Zysman, J. & Kenney, M. — «The Next Phase in the Digital Revolution: Intelligent Tools, Platforms, Growth, Employment». Communications of the ACM, Vol. 61, No. 2 (2018)
- PwC — Barómetro Global de la IA en el mundo laboral 2026
- McKinsey Global Institute — The future of work after COVID-19
- Foro Económico Mundial — Future of Jobs Report 2025: https://www.weforum.org/publications/the-future-of-jobs-report-2025/
- Gartner — Top Strategic Technology Trends 2025
- MIT Technology Review — AI and the transformation of professional skills (2025)
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