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La ‘flexibilidad’ de la que hablan es precariedad con manual de estilo

Hay una transformación silenciosa en el mercado laboral chileno que cuesta ver mientras está ocurriendo. No aparece en los titulares porque no tiene una fecha, ni un anuncio de despidos masivos, ni una empresa a la que se pueda señalar. Ocurre de a uno, de a poco, y por eso pasa inadvertida. Pero está redefiniendo lo que significa «tener trabajo» en Chile — y con ello, lo que significa «ser consumidor».

Antes, cuando alguien perdía un empleo formal, aparecía en las estadísticas de desempleo hasta que encontraba otro. Hoy, esa misma persona puede «resolver» el problema al día siguiente registrándose en una app de transporte, de despacho, o de servicios a domicilio. Estadísticamente ya no está desempleada. Está «ocupada». Pero no tiene contrato, ni previsión, ni seguro de cesantía, ni vacaciones pagadas, ni licencia médica. La categoría cambió de nombre, y con el nombre se fue también gran parte de la conversación pública sobre lo que le está pasando.

Este artículo es una invitación a mirar lo que ese cambio de categoría oculta — y por qué, si somos empresarios, nos conviene mirarlo cuanto antes.

La informalidad ya no es la excepción. Es la trayectoria.

Las plataformas digitales de trabajo son, en su definición más básica, intermediarios que conectan a personas que ofrecen su trabajo con clientes que necesitan un servicio. En Chile las conocemos bien: apps de transporte, de reparto, de servicios domésticos, y también plataformas en línea donde se contratan servicios de diseño, programación, traducción o entrada de datos.

No las estoy juzgando en sí mismas. Como herramientas resuelven problemas reales: le dan a mucha gente una fuente de ingreso rápida cuando la necesita, y les dan a los usuarios servicios más baratos y accesibles. Ese valor es cierto, y no vale la pena negarlo.

El punto es otro. En una década, este modelo pasó de ser una excepción curiosa a una parte estructural del mercado laboral mundial. Según la Organización Internacional del Trabajo, en enero de 2021 existían al menos 777 plataformas activas de trabajo digital en el mundo. Y el Online Labour Index del Oxford Internet Institute registró un crecimiento cercano al 90% en la demanda de trabajo independiente en línea entre 2016 y 2021.

Ese es el dato. Mi interpretación es que estas plataformas no crearon trabajo desde cero — en gran medida, atomizaron el trabajo que ya existía. Empleos que antes eran contratos formales con previsión, sueldo estable y proyección de carrera se descompusieron en tareas sueltas pagadas por unidad, sin garantías, sin continuidad, y con el trabajador asumiendo casi todos los riesgos: el vehículo, el combustible, la salud, los tiempos muertos entre pedidos. La plataforma captura la comisión. El trabajador captura la incertidumbre.

Y hay algo más incómodo que decir. Cuando una empresa mediana o grande decide reemplazar parte de su fuerza interna con contratistas conectados vía plataforma, no está creando empleo — está transfiriendo riesgo. El costo laboral baja en la contabilidad, pero no desaparece del sistema. Simplemente se traslada desde el balance de la empresa al bolsillo del trabajador. Y desde ahí, sin que casi nadie lo note, se traslada a un tercer lugar del que nadie está hablando.

El circuito que el retail dice tener claro, pero que muchos empresarios no están conectando

En abril de 2026, las ventas presenciales del comercio minorista en la Región Metropolitana cayeron 1,8% real interanual, según el índice de la Cámara Nacional de Comercio. Fue el segundo mes consecutivo en terreno negativo, tras la contracción de 3,1% registrada en marzo. En la Región de Valparaíso, el mismo indicador retrocedió 2,4% real interanual en marzo. A su vez, el PIB chileno cayó inesperadamente 0,5% interanual durante el primer trimestre del año —y 0,3% frente al trimestre anterior en términos desestacionalizados—.

Esos son los datos duros, tomados de las propias cámaras del comercio.

Lo interesante es lo que la Cámara de Comercio de Santiago dice explícitamente al analizar el escenario 2026: entre los factores que explican esta desaceleración menciona, textualmente, «el debilitamiento que se observa ya por varios trimestres del mercado laboral». No lo digo yo. Lo dice el gremio del retail.

Y ahí es donde el circuito se hace visible, si uno decide mirarlo. Si el mercado laboral se está debilitando en el sentido en que las cámaras lo describen —menos empleo formal, más informalidad, más precariedad—, entonces los consumidores mismos se están volviendo más pobres, más inestables y menos capaces de comprar. El empleado formal de ayer compraba refrigerador en doce cuotas porque su ingreso era predecible. El repartidor de app de hoy, con el mismo ingreso mensual promedio, no puede endeudarse a doce meses porque no sabe cuánto va a ganar el mes que viene.

No es solo que el consumo esté «débil» por razones abstractas de coyuntura. Es que la propia estructura de los consumidores cambió. Y esa estructura la hemos ido cambiando entre todos, empresa por empresa, cada vez que decidimos reemplazar un contrato con previsión por una comisión sin garantías, o cada vez que aplaudimos una automatización que «ahorra» en fuerza de venta.

Aquí es donde vale conectar dos piezas que en la conversación pública viven separadas. Por un lado, el debilitamiento del mercado laboral que la propia CCS reconoce como factor de la caída del consumo. Por el otro, los trabajadores menores de 30 años que están perdiendo empleo formal cinco veces más rápido que los adultos, según la Radiografía Laboral de SOFOFA. No son dos fenómenos distintos. Son la misma historia contada desde dos ángulos: menos empleo formal arriba, más informalidad plataformizada abajo, y en el medio un consumidor que ya no tiene la capacidad de compra que tenía hace cinco años.

Una conversación que vale la pena tener antes de que la conclusión sea forzada

No pretendo que las plataformas digitales de trabajo desaparezcan, y no creo que sea posible ni deseable. Están instaladas, son útiles para mucha gente, y en algunos casos son la única puerta de entrada al mercado laboral para personas que de otro modo estarían fuera del sistema. Ese valor existe y hay que reconocerlo.

Pero vale la pena que como empresarios nos hagamos una pregunta que vale la pena poner sobre la mesa junto a los reportes trimestrales: si el modelo de la última década consistió en trasladar el riesgo laboral desde las empresas hacia los trabajadores individuales, y el resultado agregado es un consumidor con menos capacidad de compra, ¿en qué momento el ahorro operacional que celebramos ayer se transforma en la caída de ventas que lamentamos hoy?

Es una pregunta incómoda porque no tiene respuesta desde la contabilidad de una sola empresa. Cada empresa, tomada por separado, hace lo racional cuando reduce su planilla o cuando reemplaza empleados por contratistas de plataforma. El problema es que cuando todas hacen lo mismo al mismo tiempo, el sistema en el que operan pierde algo que ninguna de ellas puede reponer sola: consumidores con capacidad de compra estable.

Y esa es la pregunta que la Cámara de Comercio ya está bordeando cuando reconoce que el debilitamiento laboral está afectando las ventas. Falta dar el paso siguiente: reconocer que ese debilitamiento no es un accidente del ciclo económico, sino el resultado acumulado de decisiones empresariales conscientes que han venido tomándose durante una década, y que la irrupción de la IA está a punto de acelerar de manera significativa.

El comercio que celebra ahorrarse un contrato hoy va a lamentar en dos años que su exempleado ya no puede comprarle nada. Y ese cálculo, todavía, no aparece en ninguna planilla trimestral.


Fuentes:

  • Organización Internacional del Trabajo, World Employment and Social Outlook: The role of digital labour platforms in transforming the world of work (2021) — número de plataformas activas globalmente
  • Oxford Internet Institute, Online Labour Index — crecimiento de la demanda de trabajo independiente en línea 2016–2021
  • Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Chile (CNC), índice de ventas presenciales del comercio minorista — cifras de marzo y abril 2026
  • Cámara de Comercio de Santiago (CCS), proyecciones y análisis de consumo 2026
  • SOFOFA, Radiografía Laboral 2026 — pérdida de empleo formal en trabajadores menores de 30 años
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