Mientras Chile discute, la IA ya llegó a trabajar
Hace unos días, OpenAI lanzó GPT‑6 Astra. No es una actualización menor. El modelo obtuvo 100% en ExploitBench, una evaluación sobre explotación de vulnerabilidades conocidas; 99,9% en ARC‑AGI‑3, que mide la capacidad de resolver entornos nuevos; y 97,6% en FrontierMath Tier 4, una prueba de matemáticas avanzadas. También puede operar interfaces computacionales y ejecutar flujos de trabajo que incluyen completar formularios, diseñar circuitos, crear presentaciones, analizar datos científicos y escribir o depurar código. En una evaluación de ciberseguridad llegó, además, a descubrir y utilizar dos vulnerabilidades de día cero que hasta entonces eran desconocidas.
OpenAI lo presenta como “una nueva generación de inteligencia”. Bill Gates, en un ensayo publicado el 26 de agosto, sostiene que esta tecnología puede sustituir capacidades cognitivas humanas y que pronto será sustancialmente mejor que las personas en muchas tareas.
Mientras tanto, en Chile, un estudio de 96 páginas publicado en marzo por la Dirección del Trabajo documenta dónde estamos realmente en esta conversación. Y la distancia entre lo que la tecnología ya puede hacer y lo que el país está haciendo al respecto es, probablemente, el dato más preocupante que he leído en meses.
Lo que el estudio chileno documenta
El informe «Experiencias y Reflexiones sobre Inteligencia Artificial y Trabajo: Elementos para el Diálogo Social en Chile», elaborado para el Ministerio del Trabajo, analiza las experiencias concretas de diálogo social sobre IA que se desarrollaron en el país durante 2025.
Sus hallazgos son reveladores — no porque muestren un desastre, sino porque muestran la magnitud de la brecha entre la velocidad del cambio y la velocidad de la respuesta.
El estudio documenta que la IA es todavía un «objeto emergente y aún periférico» en el debate laboral chileno. Existen mesas de diálogo tripartitas, seminarios, algunas experiencias de negociación colectiva — pero en la mayoría de los casos la inteligencia artificial aparece de forma indirecta, lateral, subordinada a otros temas.
Las asimetrías son enormes. Los sindicatos enfrentan una brecha de capacidades técnicas para comprender y negociar sobre tecnologías que cambian más rápido de lo que sus estructuras pueden procesar. Las empresas implementan sistemas algorítmicos para gestionar turnos, evaluar desempeño y tomar decisiones de dotación — muchas veces sin una discusión explícita con los trabajadores afectados.
Y la Dirección del Trabajo, que debería fiscalizar el impacto de estas tecnologías, enfrenta limitaciones para acceder, comprender y evaluar los sistemas algorítmicos que ya operan en las empresas.
La brecha que debería alarmarnos
En simulaciones de OSWorld 2.0, GPT‑6 Astra alcanzó una puntuación superior a la de GPT‑5.6 Sol empleando aproximadamente un 47% menos de tiempo por tarea. OpenAI también muestra ejemplos en los que completa formularios, investiga alternativas, trabaja con software especializado y crea sitios web funcionales. Son demostraciones de una capacidad relevante: ejecutar flujos de trabajo digitales de varios pasos con un grado creciente de autonomía, aunque todavía bajo instrucciones, controles y salvaguardas.
Mientras tanto, el estudio chileno recomienda como prioridad de corto plazo algo que suena casi anacrónico en ese contexto: «generar información compartida y accesible sobre el uso de tecnologías basadas en IA en los procesos productivos, como condición básica para un diálogo social informado».
No critico la recomendación, por el contrario, creo es correcta y necesaria. Lo que señalo es la velocidad: mientras Chile trabaja en generar información básica para poder conversar sobre IA, la tecnología ya está ejecutando una parte creciente de las tareas profesionales que deberían formar parte de esa conversación.
El propio estudio lo reconoce: más que reemplazar directamente puestos de trabajo, estas tecnologías aceleran procesos, reorganizan funciones, redefinen perfiles ocupacionales y modifican relaciones de poder al interior de las empresas. Todo eso está ocurriendo ahora. No en cinco años.
Lo que Astra hace visible
GPT-6 Astra no es relevante por sus benchmarks. Es relevante por lo que demuestra sobre la velocidad del cambio.
Hace dos años, los modelos de lenguaje cometían errores básicos. No podían resolver un Sudoku ni contar las erres en la palabra «strawberry». Bill Gates lo reconoce en su ensayo de hace una semana. Hoy, Astra satura evaluaciones que miden capacidades profesionales reales — diseño de circuitos, ingeniería de software, auditoría financiera, análisis científico.
El estudio chileno documenta experiencias valiosas: la Mesa de Diálogo Social de la CUT‑FIEL sobre IA y trabajo, con participación de sectores manufactureros; la incorporación de perfiles laborales vinculados con IA en ChileValora; y negociaciones colectivas en las que sindicatos consiguieron resguardar la dotación, proteger ingresos durante pruebas tecnológicas y exigir que determinados cambios productivos fueran discutidos antes de implementarse.
Pero están ocurriendo a la velocidad de las instituciones humanas — meses de diálogo, años de implementación — mientras la tecnología avanza a la velocidad de las actualizaciones de software.
Lo que el estudio propone y lo que falta a mi entender
El informe hace recomendaciones sensatas: fortalecer las capacidades técnicas de la fiscalización laboral, activar los Comités Bipartitos de Capacitación como espacios de diálogo preventivo, integrar el enfoque de género para que la transformación no reproduzca desigualdades estructurales, avanzar hacia marcos de transparencia algorítmica.
También identifica algo que conecta directamente con lo que he planteado en esta serie de publicaciones: la necesidad de una institucionalidad con capacidad anticipadora — capaz de abordar el cambio tecnológico antes de que sus impactos se traduzcan en conflicto o exclusión.
Eso es exactamente lo que hemos venido llamando transición justa: gestionar la transformación en vez de dejarla ocurrir.
Lo que falta — y el estudio lo insinúa sin decirlo explícitamente — es urgencia. Las recomendaciones hablan de corto y mediano plazo en términos institucionales. Pero el corto plazo de las instituciones son meses o años. El corto plazo de la IA son semanas. GPT-6 Astra se lanzó hace unos días. Su sucesor probablemente llegue en menos de un año.
La pregunta que necesitamos hacernos hoy
No es si la IA va a incidir en el empleo. La evidencia disponible —incluidos los análisis del Banco Central sobre la demanda de habilidades relacionadas con IA en millones de avisos laborales— muestra que el cambio ya comenzó, aunque todavía no permite determinar por sí solo su efecto neto sobre el número de puestos de trabajo.
No es si necesitamos diálogo social. El estudio del Ministerio demuestra que ya existe, aunque incipiente.
La pregunta real es si la velocidad de nuestra respuesta es proporcional a la velocidad del cambio. Y hoy, honestamente, la respuesta es que no.
GPT-6 Astra puede hacer el trabajo de un analista, un diseñador, un programador y un auditor al mismo tiempo, en minutos. Eso no es solamente una posibilidad futura. Es una capacidad que ya comenzó a desplegarse comercialmente y que, a medida que se amplíe su disponibilidad, podrá incorporarse con rapidez a los procesos de empresas y organizaciones.
El estudio chileno documenta que recién estamos aprendiendo a conversar sobre esto. Esa conversación es valiosa y necesaria. Pero necesita acelerarse — porque la tecnología que la motiva no va a esperarnos.
Fuentes:
- OpenAI — “GPT‑6 Astra: A new generation of intelligence”, 3 de septiembre de 2026.
- OpenAI — “Safety overview: GPT‑6 Astra”, 3 de septiembre de 2026.
- Rodrigo Henríquez / Dirección del Trabajo — “Experiencias y reflexiones sobre inteligencia artificial y trabajo: elementos para el diálogo social en Chile”, Aporte al Debate Laboral N.º 48, marzo de 2026.
- Bill Gates — “An epochal shift: The turbulent AI era is here”, 26 de agosto de 2026.
- Banco Central de Chile — “Inteligencia Artificial en las empresas: tendencias en la demanda de empleo a partir de avisos laborales”.
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