¿Quién comprará cuando nadie trabaje?

La pregunta no es si el sistema colapsará. Es en qué tipo de mundo vamos a vivir cuando se reconfigure sin nosotros.

Hay un argumento que circula con comodidad en los debates sobre automatización: si la IA destruye el empleo masivamente, nadie tendrá dinero para consumir, y el propio sistema productivo se quedaría sin compradores. La paradoja de Ford aplicada al siglo XXI.

Es un argumento seductor. Y es incompleto.

El consumo no desaparece. Se elitiza.

La historia no conoce colapsos del consumo por automatización. Sí conoce algo más silencioso y más grave: su concentración.

Cuando la productividad crece y el empleo cae, la riqueza no desaparece —se redistribuye hacia arriba. Los mercados masivos se contraen. Los mercados de lujo florecen. La economía no colapsa; se parte en dos.

El Foro Económico Mundial proyecta el desplazamiento de 9 millones de empleos por IA y automatización hacia 2030, con una caída neta de 5 millones de puestos por robótica. Simultáneamente, las grandes plataformas digitales concentran cada vez más el valor generado. Como advierte el CELAM en su reciente informe sobre IA y desarrollo humano, las tecnológicas «dan a quienes detentan el conocimiento y el poder económico un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad» —una forma nueva de desigualdad que no redistribuye, sino que acumula.

El resultado no es un mercado que se detiene. Es un mercado que se achica para la mayoría y se ensancha para pocos. Una economía de dos velocidades donde el capital circula, pero ya no entre todos.

La Renta Básica Universal: una respuesta para un mundo que no existe

Frente a este escenario, los gobiernos y los propios líderes tecnológicos —con paradójica comodidad— proponen la Renta Básica Universal como solución. Zuckerberg, Musk, Obama: los mismos que construyen la automatización sugieren que el Estado pague a las personas para sobrellevar sus consecuencias.

El problema es que la RBU, como herramienta, fue diseñada en contextos específicos. Finlandia la piloteó entre 2017 y 2018 con resultados interesantes: mejora del bienestar subjetivo, menos estrés, más confianza. Pero ningún efecto relevante sobre el empleo. Y ningún país la ha implementado a escala nacional.

Y es que el mundo no es Finlandia. Los niveles educativos, la madurez institucional, la cultura del trabajo y las capacidades de los Estados varían enormemente entre países y dentro de ellos. Una transferencia monetaria mensual tiene efectos distintos en Helsinki, en Santiago y en Lagos. Aplicar una solución universal a realidades radicalmente desiguales no es política pública: es ilusión de política pública.

Pero incluso donde funcionara perfectamente, la RBU resuelve solo una parte del problema.

La pregunta que el dinero no responde

Durante siglos, el trabajo fue mucho más que ingreso. Fue la estructura que ordenaba el tiempo. El espacio donde se construía la identidad. La forma en que las personas se percibían útiles, productivas, parte de algo más grande que ellas mismas.

No es una teoría: es una observación antropológica. El ser humano construyó sentido a través del trabajo —independientemente de si ese trabajo era libre o impuesto, creativo o rutinario. Le daba ritmo a la semana, pertenencia a un grupo, un lugar en el mundo.

¿Qué ocurre cuando eso desaparece y en su lugar llega una transferencia bancaria mensual?

Los pilotos de renta básica nos dan una pista: la gente se siente mejor. Pero no encuentra ocupación. El ingreso alivia la angustia económica. No reemplaza la brújula.

Y aquí está la pregunta que ningún modelo económico ni ninguna política pública ha respondido todavía: ¿puede el ser humano construir identidad y propósito en una cultura que durante siglos lo definió por lo que produce, cuando esa producción ya no le pertenece ni le es necesaria?

No sabemos la respuesta. Y ese es, exactamente, el problema.


Fuentes: World Economic Forum, Future of Jobs Report 2025; CELAM, Inteligencia Artificial y Desarrollo Humano Integral (2026); Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, Renta Básica Universal: Antecedentes doctrinarios y experiencia extranjera (2019).

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